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30/12/13

Notas vs números

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Introducción

Desde el siglo octavo, las notas musicales han tenido un nombre, ya sea en un sistema u otro. En los escritos de Al-Mamún (786-833) e Ishaq Al-Mausili (f. 850) se utilizó una notación musical basada en las letras del alfabeto árabe: م mīm ف fāʼ ص ṣād ل lām س sīn د dāl ر rāʼ.

Durante este periodo de contribuciones islámicas en la Europa medieval, el monje benedictino friulano Pablo el Diácono (720-800) compuso el himno, Ut queant laxis (también llamado Himno a san Juan Bautista). En la sílaba inicial de cada verso, puso el nombre árabe de las notas, aunque utilizando como nota inicial el do, al que rebautizó ut. Las frases de este himno, en latín, son así:

NotaTexto original en latínTraducción
ut - do
re
mi
fa
sol
la
si
Ut queant laxisresonare fibrismira gestorumfamuli tuorumsolve pollutilabii reatumsancte Ioannes.
Para que puedan
exaltar a pleno pulmón
las maravillas
estos siervos tuyos
perdona la falta
de nuestros labios impuros
san Juan.



Sin embargo, a finales del siglo XX, los alumnos de la Rondalla del Colegio Salesiano de Pozoblanco, de los que se nutría el Coro de Antiguos Alumnos de Don Bosco de Pozoblanco, aprendían música, y muchos de ellos sabían leer partituras, pero a la hora de aprender a tocar su instrumento, ya fuera bandurria, laúd o guitarra, la notación musical se convertía en números, más fácil de recordar y memorizar, aunque no se comprendiese bien qué era una tonalidad, una tesitura, o una armadura en un papel pautado.

Con el paso de los años, muchos de estos alumnos aún no han pasado de ahí, pero otros sí que se convirtieron en buenos músicos, y supieron finalmente traducir esos números y convertirlos en notas, e incluso leerlos y transcribirlos en partituras.

Pero ¿cómo era eso de los números? Pues bien sencillo: si cada instrumento de la rondalla (guitarras, bandurrias y laúdes) tenían en común que tenían 6 cuerdas (bueno, en el caso de laúdes y bandurrias eran 12, pero en grupos de dos, por parejas de cuerdas de un mismo sonido), podríamos numerar cada cuerda con un número ordinal, siendo la primera cuerda (o pareja de cuerdas) la más aguda, y la sexta y última la más grave; y los trastes se numerarían también, pero éstos con números cardinales, desde el 0 cuando no se pulsaba la cuerda que sonaba, hasta el número de traste que fuese pulsado detrás del número de la cuerda a la que pertenecía.

Bueno, vale. Sí que es complicado explicarlo con palabras. Veamos mejor la distribución de las notas (o números) en tablas que hemos elaborado y que compartimos a continuación, ordenadas por instrumento, y así compararemos y comprobaremos que un 20 en una bandurria o un laúd es Mi, mientras que en una guitarra es un Si; o que la bandurria tiene algunas notas menos que el laúd y la guitarra, los cuales tienen tres escalas y media y la bandurria sólo 3 (y una o dos notas más).




Sin embargo, hay quien asegura que el sexto par de cuerdas, las más gruesas y, por ende, de sonido más grave, no deben afinarse en Sol sostenido o La bemol, sino que deben hacerlo en Sol natural, como aparece representada la tesitura de bandurria en la página de dicho instrumento de plectro en la Wikipedia.

El afinar en Sol se debe a la historia, ya que el Cuarteto Aguilar (de Madrid) en los años 40 ya afinaba la sexta cuerda en sol natural; y Don Manuel Grandío, por su parte, sin saber que ya lo había hecho dicho cuarteto, también afinaba de esa manera, y así lo expone en su método de bandurria, justificándose musicalmente (en lo que tenía toda la razón), en:
  • Poder tocar el acorde de do en segunda inversión.
  • Tocar obras de la mandolina y violín en la bandurria
  • Tener la misma extensión que el violín y la mandolina.


Ello cambiaría la afinación y, por lo tanto, el sonido de la sexta cuerda, las cuerdas más graves, pero no el cifrado, ya que los números corresponden al número de cuerda (en las decenas) y al número de traste (en las unidades).

No obstante, no suele utilizarse mucho este par de cuerdas en estos instrumentos, donde los tres primeros pares son los más empleados en la ejecución de la mayoría de las partituras. Y, de hacerlo, suele resultar más fácil afinar el sexto par de cuerdas en Fa♯, ya que se afinaría igual que el resto de pares: pulsando el segundo traste de dos pares más agudos escucharíamos la nota a la que debe afinarse el par más grave, pero con un sonido una octava más alta.

De cualquier manera, con este documento ya queda recogido el hecho de aprender y memorizar canciones con números en lugar de hacerlo con notas. Con dicho sistema se podían transcribir todas las partituras del repertorio de la Rondalla salesiana pozoalbense, y del Coro de AA.AA. de Don Bosco de Pozoblanco.

Ahora bien, palpable queda el hecho de no poder escribir con números las notas superiores al décimo traste de cada cuerda, a no ser que se representase con algún asterisco, comillas u otra notación añadida. Aunque, por otro lado, también es cierto que normalmente no se tocaban notas en esos trastes o posiciones.


Conclusión

Partiendo de la base de que, aunque la música pueda ser matemáticas, las matemáticas no son música, y los números carecen de más significado, en este sistema de cifras, que el de referencia de una nota en un traste y en una cuerda en concreto. La duración de cada nota no se reflejaba en ningún momento, aunque para recordar las notas más largas, los trinos, se hacía inscribiendo el número (la nota en cuestión) en una circunferencia. Aun así, es lógico afirmar, como conclusión, que el sistema numérico era sólo una forma de recordar las melodías ya aprendidas anteriormente de oído, una ayuda, pero nunca una sustitución de una partitura con sus compases, signos, notas y silencios sobre un papel pautado.
 
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